- ¿Por qué te ríes tú ahora? - preguntó dándole al pausa y destapándose para levantarse.
- Por lo de "perderte" en mis ojos. - reí fuerte. - Son marrones, color miel; más tirando a color avellana. nada del otro mundo.
- Pero son preciosos, yo me pierdo cuando los miro fijamente... siento... - pero la interrumpí.
- Sientes paz, te puedes perder en ellas y pasar así mucho tiempo. ¿Me equivoco? - cogiendo la taza de Nesquik y bebiéndolo de un trago.
- Si, eso. Exactamente. - contestó bajando la cabeza y abriendo la nevera.
- Lo recuerdo todo, lo bueno y lo malo. - suspiré mientras dejaba la taza ya vacía en la mesita del salón.