Ha pasado un tiempo, bueno... 1 año, 9 meses y 20 días, para ser exactas.
He seguido con mi vida, haciendo como si ella no hubiera existido nunca, pero ese vacío de mi interior, no se va.
Relaciones acabadas porque yo no doy el paso siguiente, encuentros esporádicos, los cuales no entienden que son sólo eso; para pasar el rato y matar las ganas.
Al final, siempre volvía a mi casa sola. Pero, no triste ... sino, vacía.
Con una sensación de que me faltara una gran parte de mí, mi otra mitad.
Todas mis amigas decían que yo jamás iba a cambiar; que no conseguiría tener una relación estable algún día, porque me habían destrozado tanto que pensaban y creían que no lo conseguiría; aunque ya me iba siendo hora de sentar la cabeza, según mis amigas.
Me dejé caer de espaldas en la cama y suspiré muy hondo, yo también comenzaba a cansarme de lo mismo de siempre.
Pero, yo no sería capaz de salir o emparejarme con cualquiera, no en esta época de mi vida después de todo lo vivido y sufrido.
Tenía y tengo demasiadas trincheras, alambre de espino y muchos muros de piedra rodeando mi corazón; mi pequeño, débil y casi inexistente corazón.