Querida yo:
No sabes como odio en lo que te he convertido. Te pido perdón por no haber perdido y la esperanza en este momento tan maravilloso y lleno de colores en el que creías firmemente, el cual yo convertí en un mar de negros y grises.
Siento haberte hecho sentir que no valías NADA. Perdón por no ser capaz de mirarme al espejo para poder verte, una vez más.