Casi 1 hora después, ya estábamos colocando la comida en la mesita del salón, servimos las bebidas y empezamos a comer mientras seguíamos viendo la película.
Entre algunas risas, muchas preguntas de Dakota sobre curiosidades del idioma, sobre qué iba la película y demás; fue pasando el tiempo y así terminamos de comer y de ver la película.
Nos recostamos las dos en el respaldo del sofá, suspiramos y yo me froté la barriga.
Estábamos llenas y si ahora me dieran la ocasión, me echaría a dormir; pero no tenía pensado hacerlo.
Dakota se levantó del sofá y comenzó a recoger lo que teníamos que tirar.
- No hace falta, puedo recogerlo yo. - dije levantándome del sofá.
Dakota se acercó a mi, me dio un leve empujoncito en los hombros e hizo que me sentara en el sofá de golpe.
- Yo también puedo recogerlo, siéntate ahí y quédate quieta; ¿entendiste? - terminó diciendo mientras me señalaba con su dedo índice.
- No eres mi criada. - dije con desgana mirando hacia otro lado.
- Evidentemente que no lo soy, pero hoy me encargo yo y punto.
Suspiré fuerte y decidí no discutir con ella, no tenía ganas ninguna.
- Lo que tú digas. - respondí tapándome las piernas con la mantita y cruzándome de brazos.
Después de que Dakota terminó de recoger todo, se acercó a mi y a la vez que me daba un par de palmaditas suaves en la cabeza, me sonreía y me decía:
- No te enfurruñes, anda. - achinando sus ojos.
- No estoy enfurruñada, que tenga migrañas no quiere decir que esté manca como para no poder recoger mi propia casa. - haciendo pucheros y mirando hacia otro lado.
- No te enfades anda, déjate cuidar un poquito. - comentó sentándose a mi lado.
La tapé con la manta sin darle mucha importancia.
- ¿Quieres ver otra peli? - preguntó Dakota cruzando sus manos encima de sus piernas.
- Por mi, podría pasarme el día haciendo maratón de películas o series.
- Pues dale, por mi encantada. - contestó Dakota.
Cogí el mando y busqué películas.
Una vez encontrada, le señalé a Dakota que viera el título.
- ¿En serio? - preguntó incorporándose un poco en el sofá.
- Si, esta saga nunca falla. - dije sonriendo.
- Por mi, perfecto. - suspiró. - Nunca la terminé de ver entera.
- Eres una pecadora. - contesté haciéndome la indignada.
- Bueno, nunca es tarde para redimirse. - sonrió, me robo el mando y le dio al play.
Pasamos 2 películas de Harry Potter y cuando quise darme cuenta, Dakota estaba dando cabezadas.
La miré de reojo, me acerqué e hice que apoyara su cabeza en mi hombro.
Ella únicamente masculló algo y se dejó apoyar en mi hombro.
Seguí viendo las películas y cuando comenzaba la 4º película, yo ya estaba quedándome dormida.
Pensé que había cerrado los ojos unos segundos, pero al parecer me quedé dormida sin darme cuenta.
Cuando alcancé a abrir los ojos y conseguí despertarme y darme cuenta de la situación... Me encontraba tumbada a lo largo del sofá, con mi cabeza apoyada en el brazo del sofá y al fijarme bien; Dakota tenía su cabeza en mi pecho y su mano abrazándome por la cintura, y para rematarla yo tenía un brazo en su espalda y nuestras piernas estaban enredadas.
Quise moverme para poder incorporarme, pero en ese momento abrió los ojos y me miró fijamente.
No supe adivinar que decía su mirada, pero cambió a una cara de susto en un segundo.
Ese segundo en el que se dio cuenta de la postura en la que estábamos.
- Yo no, yo no... - intentó decir tartamudeando y al final decidí que estaba a gusto así y que quería dormir un poco más.
Tiré de ella y la volví a colocar en la postura en la que estábamos.
- Échanos la manta por encima. Y déjame dormir media hora más. - dije cerrando los ojos y acomodando mi cabeza hacia el lado contrario donde se encontraba Dakota.
Ella estiró la manta por encima de nosotras, hasta taparnos por completo.
Muy dubitativa, Dakota no sabía si colocar su brazo alrededor de mi cintura o buscar otro lugar donde colocarlo.
Agarré su brazo, lo metí por debajo de la mantita y lo puse alrededor de mi cintura, su cabeza en mi pecho; le di un par de palmaditas en su cabeza y descansé.
Era extraño notar un peso a mi lado, o casi encima mía; que además parecía un horno en vez de una persona.
No quiero que se me malinterprete, con Lauren es con la única que duermo y descanso, es mi "safe zone", mi lugar seguro.
Con el resto, sólo es "un rato". No permito que se queden a dormir; la mayor parte de las veces, no pisan mi casa.
Realmente, a la media hora Dakota se levantó de mi lado; me arropó y se alejó del sofá.
Estiré mi mano y agarré la suya.
Ella se paró en seco.
- ¿Si? ¿Quieres algo? - dijo acercándose a mi rostro.
- ¿Puedo tomar café? - pregunté mirándola fijamente a los ojos.
Ella viró los ojos y resopló.
- No, nada de café. - dijo clavando su mirada en la mía.
Hice pucheros.
- Te prepararé un Nesquik, pero nada de café. - terminó diciendo mientras se alejaba.
Asentí, me levanté y me senté en el sofá.
Giré la cabeza y observé a través de la ventana que no había parado de llover.
Observé que el cielo tenía unos pequeños destellos a lo lejos, una tormenta eléctrica parecía que se avecinaba en unas pocas horas.
Al volver la vista al salón, Dakota estaba colocando las 2 tazas de antes en la mesita donde comimos.
- Ten cuidado que quema, déjalo enfriar un poco. - contestó sentándose a mi lado.
Asentí con la cabeza y volví mi mirada a la ventana de nuevo.
- Se viene una buena, ¿no? - preguntó Dakota mirando hacia la ventana también.
- Si, ¿ves esos destellos allá al fondo? - dije señalando con el dedo.
- Si, ¿son truenos? - preguntó.
- No, son relámpagos, pero los truenos los acompañan. - dije achinando un poco los ojos. - Parece que se avecina una buena para dentro de unas horas. Y súmale que no ha parado de llover. - rematé volviendo a observas por la ventana.
- Si, en mayor o menos medida, no ha parado de llover desde que llegué.
De repente, me acordé de cuando Dakota estaba empapada.
Me levanté del sofá y me dirigí a la secadora.
Saqué la ropa y la doble en la encimera de la cocina y al mismo tiempo, metí la ropa de la lavadora en la secadora.
Recogí la ropa doblada de encima de la encimera de la cocina y la llevé al cuarto de invitados y la coloqué sobre la cama.
Volví al salón y me senté al lado de Dakota.
- ¿A dónde fuiste? - preguntó algo confusa.
- Aponer una lavadora y tu ropa ya está seca y doblada en la cama de la habitación de invitados.
- ¿Es hora de que me vaya? - preguntó con los ojos abiertos como platos.
- No tienes por qué. - encogiéndome de hombros. - Puedes quedarte más si quieres. - me giré hacia la ventana. - Además, con la que va a caer, no me hace mucha gracia que vuelvas a casa en medio de una tormenta.
Ella achinó los ojos y sonrió.
- Me lo tomo como un "puedes quedarte". - dijo volviendo la vista hacia la ventana. - No me haría gracia ninguna dejarte sola en medio de una tormenta. - concluyó mirando al frente y tomando un sorbo de su taza.
- No me parece mal. - volviéndome a encoger de hombros.
- Está decidido. - dijo acomodándose en el sofá. - Pasaremos la tormenta juntas. - remató sonriendo.
Afirmé con la cabeza y sonreí tímidamente.
Ella me miró hacia la tele y se dio cuenta de que había parado la película al poco de dormirse ella.
- ¿Continuamos? - dijo cogiendo el mando y señalando la tele.
Asentí con la cabeza, me abracé a un cojín y esperé a que le diera al "play".
Terminamos de ver la 4º película y después de resolverle algunas dudas a Dakota sobre la película, me levanté y fui a mi habitación.
Abrí el primer cajón de mi mesilla de noche y saqué un botecito de lentillas.
Lo enjuagué, le eché líquido de las lentillas y continué quitándome las lentillas y guardándolas en su correspondiente lado.
Saqué un estuche de gafas, lo abrí y me las coloqué.
Volví a guardar todo en su sitio y me encaminé de nuevo al salón.
Al llegar, me paré en el umbral de la puerta y miré hacia Dakota.
- ¿Te importa si apago la luz? - le pregunté apoyada en el marco de la puerta.
- No, para nada. - me miró fijamente. - ¿Te duele la cabeza?
- ¿Por qué lo dices? - respondí apagando la luz y caminando hacia el sofá.
- Desde que te conozco eres animal de costumbres... y nunca o casi nunca te quitabas las lentillas. - dijo mientras tomaba asiento. - O te ha roto una lentilla, o tienes conjuntivitis o … - comentó acercándose a mi. - ¿Te duele la cabeza?
- Me pican los ojos y no quiero que me vuelvan las migrañas, eso es todo. - dije acomodándome en el sofá y colocándome la capucha de la sudadera.
Ella me volvió a mirar, sonrió y fijo la vista en la tele.
La miré algo confusa y pregunté:
- ¿Se puede saber que te hace gracia?
Ella siguió sonriendo.
- ¡Oye! Contéstame. - dije haciéndole cosquillas.
- ¡Vale, vale! - dijo alzando las manos en forma de rendición.
- ¿Y? ¿Por qué te ríes? - volví a preguntar.
- Por nada, siempre me ha gustado como te quedan las gafas,,, y el color natural de tus ojos. - respondió poniendo atención en la televisión.
- No puedo dejar que me mires a los ojos fijamente. - dije acercándome a su mejilla. - O te perderás en ellos. - quitándome las gafas.
Ella giró su rostro y la punta de su nariz y la punta de mi nariz, quedaron a milímetros; casi rozándose.
Su mirada se quedó clavada en la mía y yo observé su rostro completo.
Le sonreí, me puse las gafas y mientras me alejaba; le daba un toquecito en la nariz.
- Despierta, aún vamos por la 5º película. - volviéndome a colocar en mi sitio.
Ella intentó decir algo, pero no consiguió articular palabra ninguna.
Se acomodó de nuevo y le dio al "play".
Ahora la que se reía era yo.
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